Vietnam con niños: nuestra ruta

Aquí te dejo el resumen completo de nuestro viaje por Vietnam con Logan cuando tenía 2 años. Hicimos un recorrido bastante completo, incluyendo tren nocturno, crucero, montaña, templos y arrozales. ¿Es un viaje fácil con un niño tan pequeño? No. ¿Se puede hacer? Sí, con paciencia, algo de planificación y muchas pausas. Te cuento todo por si te sirve de guía.


Días 1 y 2 – Hoi An y ruinas de My Son

Aterrizamos y fuimos directo a Hoi An, una ciudad bonita, muy turística, pero ideal para empezar: calles peatonales, ambiente relajado, muchas opciones de comida y tiendas. Ese primer día visitamos varios templos del centro histórico, todos muy cercanos entre sí, con patios amplios donde Logan podía moverse sin problema. Paseamos sin prisa, tomamos algo en una cafetería tranquila y acabamos el día viendo los farolillos junto al río.

 

El segundo día fuimos a My Son, un complejo de templos antiguos a una hora de Hoi An. Es una visita rápida (en una mañana se ve bien) y el entorno es bonito, rodeado de vegetación. Hay algo de caminata pero nada complicado. Luego volvimos a Hoi An para recoger las cosas y tomamos un traslado a Da Nang, desde donde cogimos el tren nocturno hacia el norte. El trayecto en tren fue largo pero manejable.

El tour que hicimos para My Son puedes reservarlo aquí.


Día 3 – Paseo en barca y pagoda Bich Dong

Llegamos temprano a Tam Coc y empezamos con el famoso paseo en barca. Se hace en barcas pequeñas que te llevan por el río entre montañas y cuevas. Los barqueros reman con los pies, lo que a Logan le pareció lo más curioso del mundo.

 

Por la tarde, fuimos en bici a la pagoda Bich Dong. El camino en sí ya fue bonito, entre arrozales y caminos tranquilos. La pagoda está dividida en tres niveles, construidos sobre una colina rocosa. No es muy grande, pero tiene mucho encanto. Hay escaleras, así que Logan fue en la mochila todo el rato.


Días 4 y 5 – Explorando Tam Coc y alrededores

El día 4 empezamos con la visita al templo Den Thai Vi, rodeado de montañas. Es pequeño, poco turístico y muy tranquilo. Luego fuimos a las Mua Caves. Lo más famoso es la subida de 500 escalones hasta la cima. Se ve toda la zona de arrozales y ríos desde arriba. Hicimos la subida por turnos, porque no es fácil hacerlo con un niño encima.

 

El día 5 fuimos a la pagoda Ba Dinh, algo más apartada y muy local. Mucho menos turística que otros sitios, ideal para un rato de calma. También caminamos por la zona rural, vimos búfalos, campos, y aprovechamos para descansar un poco del ritmo de los días anteriores.


Día 6 – Rumbo a Halong Bay

Nos trasladamos en guagua desde Tam Coc hasta Halong, un viaje largo (unas 4 horas). Llegamos al mediodía y aprovechamos para dar una vuelta por la ciudad de Halong, que tiene poco encanto pero sirvió para estirar las piernas y comer algo antes de embarcar.

Por la tarde nos subimos al crucero que pasaría por la bahía durante día y medio. Logan estaba encantado con el barco y con tanto agua alrededor.

El crucero que hicimos lo reservamos aquí.


Día 7 – Día completo en crucero por Halong Bay

El crucero fue tranquilo: paramos en una cueva muy grande (impresiona, aunque muchas escaleras), hicimos kayak (Logan en medio, con chaleco), comimos bien y nos movimos poco. El ritmo es lento, perfecto para desconectar. Logan pasó buena parte del día mirando por la borda y explorando el barco.


Día 8 – Hanoi, primeras visitas

Desembarcamos y nos trasladamos en guagua hasta Hanoi, donde llegamos por la tarde. Visitamos el Templo de la Literatura, uno de los más conocidos de la ciudad, y muy bien conservado. Tiene jardines amplios y zonas de sombra, ideal para moverse con niños.

Paseamos también por el lago Hoan Kiem, donde hay bastante ambiente y zonas peatonales. Aprovechamos para tomar algo en una cafetería con vistas. Logan pudo corretear un rato, lo cual siempre ayuda después de trayectos largos.


Día 9 – Lago por la mañana y traslado a Sapa

Por la mañana, antes de salir de Hanoi, fuimos a dar una vuelta tranquila por el lago y sus alrededores. Después almorzamos y nos subimos a la guagua hacia Sapa, que tarda unas 6 horas. Fue pesado, aunque hicimos una parada a medio camino. Llegamos por la noche, ya con todo cerrado y niebla por todas partes.


Día 10 – Caminata con guía local y noche en su casa

Este fue uno de los días más intensos. Hicimos una caminata de unas 4–5 horas entre arrozales y pueblos, con una guía local llamada Su Logan fue todo el tiempo en mi espalda, en la mochila, porque el terreno era irregular, con barro y subidas y bajadas.

Pasamos por campos de arroz, cruzamos pequeños riachuelos, y vimos muchas casas tradicionales. Por la tarde llegamos a la casa de la familia de la guía, donde dormimos. Todo muy básico, pero limpio. Cocinamos con ellos y Logan jugó con los niños locales sin problema. Es una de las experiencias más bonitas que hemos vivido en nuestros viajes.


Día 11 – Última mañana en Sapa y regreso a Hanoi

Por la mañana hicimos una caminata más corta por el valle, algo más suave que la del día anterior. Aprovechamos para ver otros pueblos y parar más veces. Al mediodía comimos y luego nos recogió la guagua para regresar a Hanoi (otras 6 horas). Llegamos por la noche.


Día 12 – Último día en Hanoi

Nuestro último día completo en Hanoi lo aprovechamos para ver algunas cosas que nos quedaban pendientes. Empezamos visitando la catedral de San José, que parece salida de Europa, en medio del caos de motos y cables de la ciudad. Es pequeña pero muy fotogénica, y justo enfrente hay varias cafeterías donde paramos a tomar algo.

 

Después fuimos a la famosa calle de las vías del tren, donde las casas están pegadas literalmente al paso del ferrocarril. Aunque no coincidimos con el tren, fue muy curioso ver cómo vive la gente allí, con mesas al borde de las vías y niños jugando alrededor. Logan estaba fascinado.

 

Terminamos el día caminando por el barrio antiguo, haciendo las últimas compras y probando más comida local. Ya se notaba el cansancio, así que cerramos el día tranquilos, con Logan dormido en su carro mientras nosotros aprovechábamos para mirar por última vez el caos encantador de Hanoi.


Día 13 – Regreso a casa

Aeropuerto y vuelo largo. Logan durmió parte del trayecto, así que fue mejor de lo esperado.

Consejos para viajar a Vietnam con niños pequeños

Viajar con un niño pequeño por Vietnam no es fácil, pero sí totalmente posible. Aquí te dejo algunas cosas que nos funcionaron (y otras que hubiéramos agradecido saber antes):

  • Lleva mochila portabebés sí o sí. Fue nuestro salvavidas. Caminatas, escaleras, calles estrechas… Logan fue en mi espalda buena parte del viaje y eso hizo todo mucho más fácil.
  • Pañales y toallitas: Se consiguen en supermercados y farmacias de ciudades grandes, pero si vas a zonas rurales (como Tam Coc o Sapa), mejor llevar una buena cantidad desde Hanoi o desde casa. Lo mismo con las toallitas húmedas: hay, pero no siempre de buena calidad.
  • Comida: Vietnam tiene muchas opciones aptas para peques. Logan comió arroz blanco, sopas suaves como pho, fruta fresca (mango, plátano, sandía) y pan. También encontramos yogures, galletas y snacks en casi todos lados.
  • Ropa ligera y de recambio: Hace calor y humedad, y los niños sudan más. Llevábamos siempre una muda extra y un pañuelo o toalla pequeña.
  • Zapatillas cómodas (también para los adultos). Caminamos mucho, incluso en ciudad.
  • Lavandería en todos lados. Por eso viajamos ligero, con ropa básica, y lavábamos cada 2–3 días.
  • Evitar traslados largos seguidos. Nosotros intentamos alternar días de mucho movimiento con otros más tranquilos. Los trayectos en guagua o tren pueden hacerse pesados para un niño tan pequeño.
  • Aire acondicionado = pausa sagrada. Cuando Logan ya estaba muy cargado o sudando mucho, parábamos en alguna cafetería o lugar fresco.
  • No obsesionarse con verlo todo. Ajustamos el plan cada día según cómo estaba Logan. Si no se podía hacer todo, no pasaba nada. El viaje fue más fácil cuando asumimos eso.
  • Los vietnamitas adoran a los niños. En todas partes nos ayudaron: les hacían juegos, les ofrecían fruta, e incluso los cargaban o jugaban con ellos en restaurantes. Es algo que realmente alivia mucho.

¿Vale la pena hacer este tipo de viaje con un niño de 2 años? Sí, si estás dispuesto a adaptarte al ritmo familiar. Para nosotros fue una experiencia inolvidable: agotadora, sí, pero también muy rica. Y Logan, aunque no lo recuerde todo, seguro se lleva algo de todo esto en su memoria más profunda.

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